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El optimismo se puede aprender

Post/colaboración:

Mi nombre es Oscar Yebra, y me considero un privilegiado por haber podido dedicarme durante más de 20 años de forma profesional a mi gran pasión, el baloncesto. En la actualidad trabajo como consultor, formador y conferenciante aprovechando mi pasado en el deporte de élite y mi experiencia en el alto rendimiento.

Puedes seguirlo en tu Twitter (@OyebraF) o en su web: www.oscaryebra.com

Os dejamos con su interesante artículo:

Soy, como casi todo el mundo hoy en día, un superviviente emocional. Me alimento de sensaciones, afectos y grandes dosis de optimismo, aunque este último escasea y por eso he decidido cultivarlo yo mismo. Es de la variedad proactiva, o sea, del que no se abandona a la divina providencia o que cree que con cambiar la actitud mental, sin hacer nada más, todo lo que te rodea cambiará también. Fortalece a aquellos que sabemos que a pesar de las dificultades y los obstáculos del camino, que los hay, dependemos de nuestro trabajo, actitud y constancia para que las cosas vayan mejor. No somos ilusos, adoptamos el optimismo como una determinación proactiva para soñadores.

Hace tiempo lo vi claro: pensar con optimismo me permitía vislumbrar un futuro mejor para mí y los que me rodean, por eso, desde que probé ese prisma he intentado nunca más dejar de usarlo. Proporciona cosas tan necesarias para mí como son el dinamismo, la ilusión, las ganas de vivir y de afrontar continuamente retos o la necesidad de superarme cada día. Usado como hilo conductor del trabajo en equipo, me ha demostrado ser un multiplicador de esfuerzos, de competencias, de actitudes y, por lo tanto, de resultados. Siempre necesario.

Supongo que debido a mi pasado deportivo, lo entiendo como posterior a la intención y previo a la acción. En el baloncesto, primero te dispones a jugar el partido, luego decides afrontar el reto con optimismo por complicado que este sea, y finalmente saltas al campo listo para ganar. Ahí también online casino pude comprobar como sin esfuerzo personal, no es más que un estado mental, poco provechoso por cierto.

Obviamente son muchos los que lo abandonan cuando las cosas se tuercen, también cuando la celeridad en los resultados esperados no es la deseada. En ese momento aparecen los críticos que equiparan al optimismo con la inocencia, o la inconsciencia, o la ignorancia, o qué se yo. Prefiero seguir convencido de mi interpretación de las malas experiencias y los resultados decepcionantes sólo como exámenes que ponen a prueba las limitaciones y mi capacidad de aprendizaje. Siempre entendí que la resiliencia se basa en un análisis optimista de lo sucedido y sobre todo, en una actitud irremediablemente optimista ante lo que ha de venir. El deporte no deja lugar a duda en ese sentido, y sino, solo hay que pensar en la vuelta a la actividad de los que nos hemos lesionado de cierta gravedad. No se puede competir sin él, os lo aseguro.

Para finalizar, mi consejo es si me permitís la osadía, que la siguiente vez que os enfrentéis a vuestra vida recordéis escoger la lente adecuada. Una que no agrande, tampoco que reduzca, mejor un gran angular. Os proporcionará una visión real de lo que sucede, con perspectiva, para que podáis reconocer los riesgos y planificar en condiciones. Y recordar, para remontar un partido no basta con desearlo o creerlo, alguien tiene que jugar y pelear por la victoria hasta el último segundo. Nadie lo hará por ti.

Los hay que consideramos al optimismo como el combustible de la felicidad por sus increíbles efectos. ¿Y sabéis lo mejor? ¡Que el optimismo se puede aprender!

Oscar Yebra

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Un comentario

  1. Buenos dias Oscar acabo de ver tu articulo y me parece especialmente practico, me quedo con una cosa para este día de hoy , Hay que salir al campo a jugar , creo que esto es fundamentAl, si no sales al campo a jugar puedes verlo por la tele pero……. No es lo mismo. Buenos dias.