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Optimismo, la clave de la felicidad

Post/Colaboración:

Soy Francisco J.Mira Contreras. Vivo en Bailén, provincia de Jaén, tengo 24 años y acabo de terminar mis estudios de Psicología.
Me encanta el deporte, soy un apasionado de la música y lectura y he decido contaros mi experiencia personal y optimista porque como bien dice el refran, “a mal tiempo buena cara”.
Os dejo mi Twiiter @frannistelrooy y espero vuestros comentarios, os dejo mi articulo y espero que os guste…

No ha pasado mucho tiempo desde que terminé (por fin)  la carrera de psicología, exactamente dos meses, y a decir verdad no ha cambiado mucho mi vida desde entonces, no obstante, hay dos cosas que me han llamado bastante la atención. La primera de ellas, y la que me ha llevado a escribir este texto, es que parece que todo el mundo ha cambiado su percepción hacia mí y el ser licenciado en psicología implica que tenga que ser el “aguantapenas” de amigos, familiares, y demás conocidos. La segunda, y no por ello menos importante, es que sin haberme dado cuenta, he comenzado a ser un “ni-ni”.

Es curioso, para el que tenga conocimientos de psicología le diré que  apostaría a que me han contado más trastornos del DSM-IV  ahora que he terminado que cuando los estudiaba en alguna asignatura de clínica. Para el que no esté muy familiarizado con la psicología solo tiene que sustituir DSM-IV por un libro que compras y no lees, o que no tienes más remedio que leer y jamás piensas  en  volver hacerlo. Gracias a Dios, domino perfectamente la eficaz técnica de: “la psicología es muy amplia y ese campo la verdad que no me interesa mucho”  y sobre todo una expresión muy de Bailén (mi pueblo): “Ya bastante tengo yo con lo mío…” que me ha servido para salir del paso o evitar que sigan contándome algo que no quiero escuchar.

Sin embargo, aún no ha venido ninguna persona a decirme lo feliz que es. Y aquí es donde vengo a parar.

Siempre he pensado que copiar el éxito, es éxito. Solo hay que saber estar en el lugar adecuado en el momento oportuno. La gran mayoría se estará preguntando cuando le llegará ese momento. Yo tampoco lo sé y como no sabía si estaba buscando por el lugar equivocado, o si debería esperar, a pesar de ser un hombre paciente, decidí dejar de intentar cambiar el mundo para cambiar yo, y con ello mi forma de pensar.

Hay mucha gente que piensa que si cogiéramos a varias personas, extrajéramos  lo que más nos gusta de cada una y lo imitamos en varias facetas sería algo que nos ayudaría a ser mejores, o al menos a actuar mejor. Yo pienso que eso es ser un producto y sobre todo que no seriamos fieles a nosotros mismos, así que  solo le hice caso a medias, y me dediqué a “examinar” a personas felices, o al menos personas que yo pensara que eran felices, para ver el motivo de su felicidad.

Así que, allí estaba yo, pensando en gente feliz, en lo que podían hacer para ser felices. Corriendo los tiempos que corren, supongo que solamente verían la última parte del telediario, leerían la parte de ocio de los periódicos, estarían inmunizados para cualquier tipo de enfermedad, saldrían a pasear por zonas peatonales donde no pudieran escuchar la sirena de una ambulancia y siempre hubiera un buen aroma además de un sol radiante  y únicamente se codearían de online casino personas felices, de tal manera que nada malo que ocurriese les pudiera afectar en absoluto. Pero claro, esta realidad es difícil de imaginar, excepto si eres un buen guionista de Disney. Lo único que saqué en claro de todo esto era una cosa aparentemente insignificante pero con una grata repercusión: Tenía hambre.¿En que se relacionan  el hambre con las personas felices? En un mundo de Disney como el que acabo de describir, nada. (Estas personas felices nunca tendrían hambre para evitar cumplir esta necesidad que solo una mínima parte del mundo puede permitirse, estarían  en sintonía con el mundo y seguirían siendo felices.) En el mundo real, tampoco tiene nada que ver.

Era tanta mi hambre que pensé: – “¡Ojalá tuviera un buen plato de comida!, un buen plato preparado por el mejor cocinero del mundo. – ¿Mi madre?, No.- Ferrán Adriá”.

Y seguí pensando, ¿Por qué una persona que tiene una lista de  años de espera cierra 6 meses para luego volver? Seguí pensando en más personas famosas, ¿Por qué Guardiola después de cuatro años de éxitos dice que “se ha vaciado” y lo deja para volver en un futuro?  ¿Por qué hay tantos jugadores de élite que dejan su equipo donde cobran mucho dinero y aspiran a grandes títulos para jugar en otro equipo donde cobran menos pero van a tener más protagonismo?

Por una sencilla razón, no son unas vacaciones ni un acomodamiento, es un periodo de reciclaje, de hablar con gente nueva, de pensar y descubrir ideas nuevas, innovar, arriesgar,  un periodo para investigar,  para potenciar tus virtudes. Como bien dijo Confucio: “busca un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida”.

En definitiva, aman lo que hacen.

Esta sí que podría ser una característica de gente feliz real, que amaran y disfrutaran todo lo que hicieran. Podría ser una característica necesaria, pero no suficiente.

No contento con ello decidí buscar a una persona que consideraba feliz, una persona “de las que no salen en la tele”. Pensé en alguien que siempre tuviera una buena cara aunque todo fuera mal: mi abuela.

Fui a visitarla y tuvimos una especie de “entrevista” que me ayudó a descubrir algo más. Le pregunte directamente que si ella era feliz, y aunque ella me miró al principio con cara de perplejidad me respondió que sí, aunque vaciló al principio. Seguidamente le pregunté:        -“¿Por qué?”, y esta vez si me respondió con seguridad. – “Fíjate, soy madre de cinco hijas y un hijo, soy abuela de quince nietos y nietas y bisabuela de dos bisnietas. Los he visto crecer a todos, creo que ya no puedo pedir más.”

Sin  que ella lo supiera, me había dado la clave del porqué ella era feliz, y la mayoría de la gente feliz que conozco. Dicen que todo viento es favorable para el barco que no lleva destino. Mi abuela tenía un objetivo claro, un objetivo que amaba con todas sus fuerzas, y que cumplió. Efectivamente, para amar algo que haces, primero tienes que hacer algo que amas. Fijarte un objetivo, algo con lo que puedas levantarte cada mañana y pelear por ello. Esta motivación que te empuja a hacer algo que adoras, a no dudar a la hora de decidir lo que te gusta de verdad.

Puede que estas sean dos de las muchas  características de la gente feliz. Hacen algo que les encantan y están encantados con lo que hacen, o puede que tal vez no sea así. Lo que sí tenía claro es que a partir de ahora esas características formarían parte de mí.

En aquel instante tenía dos opciones: seguir siendo paciente e ir buscando el lugar adecuado en el momento oportuno, o buscar algo que me encantase y disfrutar de ello cada día. De momento, tengo un objetivo claro, me gusta escribir y lo más importante disfruto con ello.

Un viaje de cien mil kilómetros comienza con un primer paso, a mí ya me queda menos.

Francisco J. Mira Contreras

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2 Comentarios

  1. Esta pаgina me аhorrο trаbаjο
    mientras estаba buscаndo algo sobrе pеnsamіentоs pага dar grаcias .
    Gracias.

  2. Hе estаdο buscanԁo infoгmacion rеlaсionаda acеrсa ԁе fгasеs autoеstima
    y mе tope con eѕta paginа. Eѕta excelente.